domingo, 25 de septiembre de 2011

12

Rápidamente miras a tu alrededor buscando cualquier cosa que pueda servirte de arma improvisada. Ves una botella de cristal a escasos pasos de distancia. Vas a por ella y cuando vuelves te das cuenta de que los heridos han dejado de gritar. Están muertos. Pero aún así los abuelos continúan comiéndoselos, arrancando carne, músculos y tendones con fuertes mordiscos.
Totalmente asqueado te acercas justo detrás de uno de los abuelos y sin pensártelo dos veces le golpeas violentamente la cabeza provocándole un desgarro y arrancándole la oreja derecha de cuajo. El abuelo queda tendido en el suelo a costa del golpe pero, en unos instantes vuelve a incorporarse y haciendo caso omiso de la oreja arrancada vuelve a dedicarse a devorar los cadáveres.
De repente los otros zombis dejan de comer, parece que hubieran perdido el apetito y lentamente se dirigen hacia ti. Ves que a uno de los zombis no le queda más que el tronco superior, la cabeza y medio brazo y avanza dándose impulso con su muñón.