-Disculpadme señores. Veo que estáis hambrientos pero, ¿podríais dejar de comeros a esas pobres personas que acaban de ser arrollados en medio de un accidente? Si no es mucho pedir.
Los abuelos te ignoran y mordisco a mordisco siguen comiendo.
-Disculpadme –insistes- pero os tengo que pedir por favor que paréis. Incluso os invito a un bocadillo de jamón a cambio.
Ni caso.
-Me estáis obligando a rogaros. Haced el favor de dejar de devorar las entrañas de esas personas.
Ves que uno de los abuelos le arranca la cabeza a uno de los heridos (aunque a estas alturas ya están todos muertos) y la golpea contra el suelo como si fuera un coco y todo seguido empieza a sorberle los sesos cual delicioso manjar.
Lentamente empiezan a acercarse unas cuantas personas. Una de ella tiene un cuchillo incrustado a la altura del pecho peor no parece importarle lo más mínimo y a otro le faltan ambos brazos. Parece que se los haya amputado hace poco pues las heridas en sus muñones siguen sangrando.
Ese grupo de personas se unen a los abuelos y dan buena cuenta del banquete, relamiendo incluso los huesos.
Es ahí cuando empiezas a sospechar que no son gente hambrienta normal (a veces eres un poco lento cogiendo las cosas).
El banquete empieza a escasear así que uno de los abuelos se levanta y se acerca hacia a ti gruñendo y extendiendo los brazos de forma amenazante.